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jueves, 5 de abril de 2012

Son mentiras y olvidos.


Mientras estaba sentada en mi cama esperando que todos mis pensamientos se tranquilizaran o que al menos pudiera darme cuenta que es en vano mi molestia, pero no era tan sencillo, siempre soy yo la que lo entendía y decía todo esta bien, las únicas palabras que se repetian en mi mente eran: termina con el. Y me comenzé a reir de tal tontería, mi inconciente me decia eso y quizas era la unica verdad. Camine hasta la cocina en busca de un jugo o algo refrescante, el calor era insoportable, me tire en el sofa como tantas veces lo habia hecho antes, pero hoy sentia algo extraño, como si este dia no era como otros. El reloj marcaba las 10 am, tome un baño y mientras coreaba hit the lights, tocaron la puerta. Maldije. Me puse una bata y corri a la puerta. Abri.
-Sorpresa! Entrega especial- me dijo una voz tan familiar. Me entrego un super globo que decia Te quiero.
-Sabes que de igual forma sigo molesta- conclui. Amarre el globo a un silla y me fui a mi cuarto.
-perdoname, ha sido unos dias bien atareados-
Siempre con lo mismo, pense. Estoy harta. Me puse unos shorts me seque rapido el cabello, abri mi ropero saque un polo me lo puse y fui hasta la cocina a prepararme algo para comer. Volvi a mirar la sala y el estaba en el balcon amarrando el globo, no pude evitar reirme.
-tonto- pense .
Abri la refrigeradora saque yogurt , mantequilla, mermelada, huevos. Y por segunda vez en el dia .maldije . No habia pan.
-oye no hay pan asi q si tienes hambre ve a comprar-grite.
-siges molesta no?- me pregunto y no me habia percatado que estaba parado junto al umbral de la puerta de la cocina.
-de eso hablamos despues.
Lo vi caminar hasta la puerta principal y se fue. Tengo a lo mucho 10 minutos pense. La panaderia queda algo lejos asi que tardaria. Estaba molesta y nose porque me esforzaba tanto en prepararle un romantico desayuno. Pense en la larga noche que habia pasado, entre lagrimas y mas sentimientos que procure borrarlos de mi mente.
Me pare en el balcon junto al globo que potente decia MIRENME, me senti algo estupida e ingenua con ese globo al costado mio, pero de igual forma estaba algo contenta.
-soy una estupida al quererlo asi-me dije- porq siempre tengo mirarle a la cara y decirle todo esta bien no te preocupes te entiendo- y senti una opresion en el pecho mis ojos quedaron helados cuando esa idea paso por mi mente, aprete mis manos conta mi cara y las lagrimas comenzaron a brotar.
Pasaron mas de 10 minutos y el aun no regresaba. Mis lagrimas ya habian desaparecido, me perdi en el silencio de mi apartamento. No habia el olor a cigarro o varias botellas de licor esparcidas por doquier. -esas epocas- me dije. Y sonrei. Toco la puerta. Abri. Dejo los panes y una pequeña torta al costado. Lo mire confundida. Me sonrio, con esa sonrisa que tanto amaba, porque lo amaba a el y quizas tambien a sus mentiras.
-feliz aniversario- Dylan se acercó y me dió un delicado beso en la frente. -te amo-me susurro.
Mierda. Lo habia olvidado.

@LodiceMarellaSegovia
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domingo, 17 de julio de 2011

Solo deseos y una simple búsqueda


Otro día más encerrada en esta habitación, quien sabe por cuantas horas más seguiré pegada
frente a esta pantalla, tratando de saber que paso con Dylan. ¿Cuándo fue la última vez que supe algo de él? ¿Cómo ha pasado tan rápido dos años de su desaparición? ¿Por qué no siguieron investigando? Busco en Google noticias en todos los periódicos de esas fechas pero son muy resumidas. Necesito ir a la Biblioteca. Pero un temor recae en mí, si apareció en un diario que su cuerpo fue encontrado, lo pensé y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No iré.
Pasaron los días, en mi nuevo departamento ubicado en la concurrida y amena Av. Joseph Inovich en Porkestan; no me gusta el bullicio, y es tan ilógico que haya comprado este departamento, pero algo me llamó la atención, que ha decir verdad no logro descifrar, pero siento como si algo especial, fantástico o sencillamente aterrador va a suceder.
En las noches, salgo a mi balcón con un café bien cargado para una fría noche más y empiezo a observar a las personas que van pasando, algunas caminando, otras corriendo u otras en parejas y en el lenguaje más popular, agarrando. Llego a la conclusión que nadie levanta la mirada a ver porque una joven está en su balcón a casi medianoche, todos están preocupados por llegar a su casa, a una cita, u otros buscando solo diversión. Todos esos pensamientos se desbaratan cuando escucho el sonido de la puerta abrirse, no volteo; solo sigo mirando fijamente la fachada de un restaurante que tiene una curiosa caricatura en su puerta, un señor gordo con bigotes, y una nariz muy roja.
Sonreí al sentir sus brazos recorrer mi cintura hasta abrazarme completamente y dulcemente me dijo al oído ¿Me esperabas?, levanté la mirada y respondí. ¿Se supone que debo sorpren… .No me dejó terminar la frase y me besó, sentí sus labios ardientes por el deseo, sus manos recorrieron suavemente mi cintura hasta llegar a lugares que solo me hicieron aferrarme más a él.
Todo estaba oscuro, solo la luz de la cocina nos guiaba torpemente hacia mi habitación, mis manos fieras de deseo se enfurecían al toque con su pecho, con su espalda, y sentía cada vez más que me pertenecía.
Horas más tarde cuando la lluvia se había disipado y solo se escuchaba el sonido de la gente al pisar un charco, me desperté; abrí los ojos y él ya no estaba. Solo fue una corta noche más. Decepcionada, tome un baño, me cambie, tenía que ir a la universidad pero mis ganas eran nulas; me preparé un café, sentada en el sofá tome el control remoto y prendí el televisor, solo eran noticias y más noticias sobre el nuevo gobierno del abogado Warin Facileni, el cual tomaba el mando de este país el próximo 5 de octubre.
Cerré los ojos, ¿Por qué es que siempre te vas sin avisar, Jan? ¿Por qué esas madrugadas intensas por momentos me son suficientes? Cogí mi mochila y salí presurosa de mi departamento, sentía que estaba cerca, que Jan no se había ido. Baje rápidamente las escaleras, cuando el vigilante me vio me sonrió, y solo me dijo, creo que ya tiene mucho frio y su mirada se dirigió a Jan que estaba parado enfrente esperando que yo saliera. Sonreí.
-Eres un tonto- le dije a Jan y lo abraze fuertemente.
-Lo sé, pero asi me quieres- me respondió.
Lo besé. –llegaremos tarde, vamos.
Cuando entramos al aula, aun no llegaba la profesora de Costos. Agarre mi mochila y salí del salón, fui a la biblioteca. Jan me vio salir y me siguió, el caminaba como a unos diez pasos de mi, el sabia hacia donde me dirigía.
Jan me detuvo cogiéndome el brazo-Lisa, escúchame, no vayas a la biblioteca, será peor.
-No, tengo que saber la verdad de lo que paso, estos dos años fuera de Porkestan, pueden haber sucedidos muchas cosas.
-Si, lisa, lo sé-me dijo Jan.
-Entonces voy – le respondí
-¿Por qué no lo aceptas?¡Aún no lo olvidas! ¡Aun sigues enamorada de Dylan! ¿Crees que no me he dado cuenta?
No dije nada, solo el silencio fue mi aliado, lo que Jan decía era verdad, yo seguía enamorada de Dylan, no lo había olvidado a pesar del tiempo.
Me entregó un papel doblado en dos, dio media vuelta y se fue.
No logre decir nada, quería decir Jan espera, pera inútil, el tenia tanta razón, él lo sabía, pero a pesar de eso, seguía conmigo.
Cogí mi teléfono y marqué el número que estaba en el papel me dio Jan. Era su voz. Era Dylan.

@LocuentaMarellaSegovia
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domingo, 10 de julio de 2011

LOCURAS POR UNA MUJER

Aquella vez, Eduardo sintió los labios de ella fríos, inertes, solo fue un beso, solo eso.  Es un beso mentiroso-ella le dijo. ¿Mentiroso?-Él respondió confuso. Al regresar a su casa, después de aquel encuentro tan inesperado con Sefora, tendido en su cama, quiso pensar en porque beso mentiroso, pero lo único que consiguió fue quedarse dormido.
Al día siguiente rumbo a la escuela, Eduardo caminó lentamente, contando cada paso. Él era un típico adolescente del cual no se podía esperar gran cosa, solo era uno más del montón. Se vestía de forma rara, con ropas que le hacía aparentar más años. Su caminada esa mañana era con mirada fija a los tacones de una mujer que caminaba delante de él, posiblemente también dirigiéndose a la escuela, una nueva profesora pensó. El sonido que producía el choque de cada tacón con el suelo en cada paso, hacia imaginar a Eduardo, que en cualquier momento aquella mujer podría ser apuñalada por la espalda, tan solo de pensar ello, él se sobresalto, él era la única persona que caminaba detrás de ella.
Al llegar a la escuela se sentó en su asiento habitual, el último pupitre al lado de la ventana. ¿Dónde está Sefora?-le preguntó a Héctor, su amigo. Yo que sé-respondió fijando su mirada de nuevo en su PSP(consola de juegos), del cual había sido interrumpido. Eduardo buscó por todos lados de la escuela a Sefora, sin lograr encontrarla, sus ganas de verla lo carcomían; ella no era una chica de faltar  a clases, solamente había faltado una vez en todo el tiempo escolar de ese año, y era por un motivo grave. Los pensamientos de Eduardo solo le daban respuestas nada alentadoras. Fue entonces que decidió escaparse del colegio, solo para buscar a Sefora, trepo los muros blancos que daban para la parte trasera,  pero torpemente se hizo una herida en la rodilla, ya pasara, no duele, pensaba. Rengueó en sus primeros pasos, hasta que el dolor se fue disipando; comenzó a correr hacia la casa de Sefora, pero raramente sentía que lo estaban persiguiendo dos hombres con apariencias muy peculiares. Trato de no importarle, solo siguió corriendo. Cuando algunas de las casas se le hicieron familiares, desaceleró.
Trató de recordar la visita que hizo a la casa de ella hace un par de meses, trato y trato de recordar, pero era inútil, se sentía nervioso, comenzó a sudar frió.
Llegó la noche, y él aún seguía en las calles, comenzó a llover y pensó en regresar a casa, pero su corazón estaba adolorido, sintió que perdió a Sefora para siempre.
Cuando llego a su casa, solo reinaba un silencio un tanto aterrador. Su mamá no estaba. Se recostó en el sofá y se concentró en el sonido del choque de las gotas con el techo. 1 am, su madre aún no llegaba, otra preocupación más para él, tocaron la puerta. Ya fue suficiente por hoy, ya abre la puerta – grito  una voz que para Eduardo le era familiar. Abrió. Era Héctor-vamos, le dijo. ¿A dónde?-Respondió Eduardo. Vamos-siguiendo diciendo esa voz familiar. ¿Dónde esta Sefora?-
Te voy a llevar con ella, Dado, ya la encontré.- le afirmo Héctor. ¿De verdad? – y Eduardo salió rápidamente de su casa con una sonrisa en el rostro. Su único anhelo por el momento era verla.
A Eduardo desde chiquito le decían Dado, pero era un sobrenombre que a él no le gustaba. Pero en ese momento no le tomó importancia.
¿Sabes dónde está mi mama?-preguntó Eduardo.
¿Qué? ¿Recién preguntas por ella? Acaso te importa más Sefora-dijo Héctor.
Eduardo solo se limitó a mover los hombros, con el frio de la noche llegaron a una casa con apariencia muy antigua, como  de la segunda guerra mundial. Hector abrió la puerta y entraron, el interior daba más signos de cuan antigua era esa viviendo, se desprendía un holor tanto nauseabundo, pero raramente Eduardo no sentí, solo quería ver a Sefora.
Comenzaron a subir las escaleras despacio, como para no despertar a nadie. A Eduardo se le paso esa idea por la mente, si esa casa esta habitada o no, pero descarto esa idea al instante, esa casa no parecía haber sido abierta en muchos años.
Llegaron hasta una habitación pintada de un celeste muy claro, ahora se nota un plomo; Hector abrió un cajón del cual se desprendieron mil y un granos de arena; sacó un sobre. En eso Eduardo pregunta:¿Cómo es que tú conoces todos este lugar?
Héctor se levantó y mostro a Eduardo una fotografía de una mujer pudiente ya de antaño. Eduardo se sobresalto, era Sefora, su Sefora. Héctor le dijo: Sefora Onilea 1923-1940.
La cabeza de Eduardo comenzó a dar vueltas y no es ella comenzó a gritar. Héctor en respuesta: es ella. Eduardo no se lo creía, salió de esa sucia casa. Corrió y corrió hasta que tropezó, estaba lloviendo y por consiguiente el estaba todo mojado, sintió frio, sintió cólera, comenzó a llorar y maldecía a Héctor por haberle traído a ese lugar, quería seguir con la esperanza de que ella solo había faltado a clases.
Unos tacones muy esplendorosos empezaron a acercarse, aquella mujer, se le acerco y le susurro: Beso mentiroso. Y Eduardo solo pudo levantar la mirada. Era ella. Le agarro de los abrazos, la abrazo fuertemente y le dijo: ¿Dónde has estado? –Héctor me dice que tu ya no existes.
Ella solo responde, más que responde, grita. Policía Policía un loco un loco Suélteme Suélteme. Eduardo la soltó  y la mujer le dijo, yo solo quería ayudarte, anda a buscar a otro lado a tu Sefora.

¿Por qué todo esta blanco?¿Dónde estoy?
-Ya fue suficiente, Dado-dijo el doctor
-¿Suficiente?- respondió-en ese momento su mama se acerco por el umbral de la puerta-mamá, donde has estado  te estuve esperando en casa.
-Si mi amor, lo sé, disculpa se me hizo tarde-respondió la madre
-Señora por favor, Dado necesita estar solo-dijo el doctor con un tono muy serio. Dos jóvenes aparecieron y entraron a la habitación donde estaba Dado, su madre y el doctor, los mismos que Dado vio esa mañana cuando buscaba la casa de Sefora.
-¿Quiénes son ellos? ¿Dónde está Sefora?-su vista se dirigió a su madre-¿Ma, porque lloras?
Su madre se dio media vuelta y  cerró la habitación, camino hasta la salida de aquel Hospital Psiquiátrico.

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